"La Educación es el arma + poderosa que puedes usar para cambiar el mundo"

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Mi Nombre es Grillo.

Grillo podría ser el nombre de un cantante, de un futbolista, de un astronauta o de un explorador. Pero yo, soy un automóvil. Soy verde y muy pequeño, me diseñaron hace muchos años. Lucky una pequeña motocicleta, suele decir que soy como uno de esos coches de detectives que salen en las películas.

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La Historia de Grillo.

Vivo en la gran ciudad, la Ciudad de México, donde todos los días pasan junto a mí otros cientos -a veces miles- de coches. Algunos van a la escuela como yo, otros, rumbo al trabajo, algunos son conducidos de noche, y cada fin de año, nos asombramos por las luces de la gran ciudad.


Me gusta la primavera, dar vueltas por pequeños callejones o pasear por grandes avenidas, mientras el atardecer pinta el cielo de dorado.


También, hay una fecha cuando caen tantas y tantas flores de los árboles, que las banquetas parecen alfombras y se toman fotos de la gran ciudad, pintada de morado.


Disfruto mucho sentir el agua de verano cuando lavan mis llantas o mis ventanas, disfruto también las tardes de fútbol y ver ese gran estadio lleno de familias enteras usando playeras y banderas de su equipo favorito. 


Y por supuesto, es maravilloso sentir el aire fresco entrar por mis ventanillas o visitar ese gigantesco parque de juegos mecánicos. 


Siempre me he gustado esta ciudad, sin embargo, en algún tiempo dejé de disfrutar salir de casa e ir a la escuela de manejo… 


Corría el año de 2013 y yo, acababa de llegar a esta ciudad, era una de esas tardes de lluvia en las que todos los automóviles parecen manejar muy rápido para llegar pronto a sus hogares. 


Entre el tráfico, el ruido y los relámpagos, me distraje y estuve cerca de chocar con una enorme camioneta negra, mucho más grande que yo. “¡Perdón!”, exclamé, pero al rebasarme volteó a verme con una mirada que me hizo sentir aún más y más pequeño de lo que soy. Intenté no prestar atención; sin embargo, los días siguientes descubrí que algo había cambiado. Sentía como si otros autos, estuvieran enojados conmigo.


Empecé a creer que cada vez eran más y más esas miradas que dan miedo. Cuando pasaba por las pistas de pruebas en la escuela de manejo, escuchaba que quienes estaban a mi alrededor hacían chistes sobre mi apariencia y mi estatura. 


A veces ni siquiera era necesario que me sintiera amenazado por grandes autos o me llamaran por un apodo, tan solo con sus miradas y la manera en la que murmuraban entre ellos me hacía sentir con mucha pena, me preguntaba entonces:


“Qué hay de malo en mi?”


“Por qué parezco no agradarle a otros automóviles?”


Intenté ignorarlos, pero empezaron las risas, burlas y los apodos, hasta que un día un taxi, saliendo de la escuela, cerca de la Plaza de Toros chocó contra una de mis puertas, para después irse a toda velocidad, ese día elegí ya no salir más, sentía miedo, enojo, pena y tristeza.


Dejé de ver las flores en las banquetas porque ahora solo veía la manera en la que los demás me miraban.


También dejé de pasar cerca del estadio de futbol cuando había partidos, me aterraba la idea de que toda esa multitud de autos fuera a burlarse de mí. 


Fue entonces cuando Papá notó que algo había cambiado y el notaba mi miedo por salir y ser diferente, se acercó y me dijo: “Grillo, todas y todos somos diferentes, pero también, todas y todos tenemos los mismos derechos de pasear en esta ciudad; si algún otro auto o camioneta no te respeta, debes contárselo a un adulto en casa o a un adulto en la escuela”. 


Era cierto, yo soy diferente a los demás. Comencé a prestar más atención a los coches que veía en la escuela o en las calles. Eran blancos, negros, grises, algunos rojos o azules. Eran del doble de mi tamaño, algunos parecían gigantes junto a mí. 


Rumbo a casa, pasé junto a un edificio de cristal mientras me reflejaba en sus ventanas. Me detuve un momento para mirarme. Observé con cuidado cada una de mis piezas, mi color verde, mi tamaño compacto, mi aspecto de auto de película de detectives como dice Lucky y en ese momento pensé: 


“No tengo nada de malo. Pero sí tengo mucho de bueno.”


Comprendí que, aunque fuera pequeño y diferente a otros automóviles, yo soy valioso, yo soy querido y yo soy un gran auto. 


Me acerqué a las patrullas de la escuela de manejo y les conté todo lo que me había sucedido, una de ellas me preguntó: “Por qué tardaste tanto en contarnos lo que te sucedió Grillo?”; y le respondí que yo creía que había algo malo en mi, por ser diferente; pero hoy yo sé que eso no es así, no hay nada de malo en ser diferente a otros autos y camionetas. 


Mis paseos volvieron a ser tan buenos como antes. Y además  disfruto cada vez mas los atardeceres, jugar con el viento y sonreír en la primavera...


...Mi nombre es Grillo. Grillo podría ser el nombre de un gran cantante, de un futbolista famoso, de un astronauta en la luna, un explorador en la selva o de un súper héroe en la gran ciudad, pero yo, soy un pequeño automóvil, pero también puedo elegir lo que yo quiera ser de grande. 


FIN.



“El principio de igualdad y no discriminación, parte de la consideración de todos los seres humanos como inherentemente iguales, pero no implica de forma alguna, la eliminación de la diversidad, esa diversidad hace referencia a la naturaleza humana, y alude al individuo particular, a la persona con su historia específica que la hace única y diferente de todas las demás.” (CNDH).



Idea original: Mariana Rosas Giacoman.

Adaptación: Martha Patricia Olmos.

Ilustraciones: Roberto Carlos Espinosa.

Contenidos: Gonzalo Campos Pizarro.

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